Los Psicofármacos, entre la necesidad y el abuso

13 Ene

joseSi hablamos de salud mental, es esencial que el psicólogo y psiquiatra trabajen juntos, siendo piezas fundamentales de un “equipo de gestión” que beneficiará al paciente.

A un psicotrópico lo podemos definir como cualquier sustancia natural o sintética que al actuar sobre el sistema nervioso central es capaz de influenciar las funciones psíquicas, produciendo cambios temporales en la percepción, ánimo, estado de conciencia y comportamiento. Los mismos ejercen su acción modificando ciertos procesos bioquímicos o fisiológicos cerebrales, en donde la mayoría actúan alterando los procesos de neurotransmisión, estimulando o inhibiendo la actividad.

A lo largo de la historia de la humanidad, las diferentes culturas han utilizado sustancias psicotrópicas con el propósito de alterar deliberadamente el estado de la mente; en la actualidad, la medicina los utiliza para el tratamiento de determinadas condiciones neurológicas o psiquiátricas, pero el grave problema está en el desvío de los mismos con fines recreativos y en otros casos por estados patológicos que no controlados adecuadamente llevan al individuo a caer en el abuso.
Como farmacéutico una de las dependencias que con mayor frecuencia observo, es a los psicofármacos, especialmente a los ansiolíticos, reconociendo un dato adicional: suelen estar avalados por recetas médicas; es muy común que el paciente someta a una cierta presión a su médico y/o farmacéutico con el solo objetivo de lograr esta medicación.
No obstante, con el pasar del tiempo se ha logrado un gran salto en la problemática de la salud mental, basado en el descubrimiento de los nuevos psicofármacos, que aportan un mayor alivio psíquico, al que hay que sumar una disminución de las institucionalizaciones. Así mismo, y a pesar de estos avances, no se han logrado respuestas universales a la emergencia de las patologías mentales más severas.
Además, de todo el arsenal terapéutico con que contamos deberíamos reconocer al psicoanálisis como una herramienta fundamental, el que, a mi criterio, sumaría una arista más al tratamiento de las enfermedades mentales; esto último basado en que un psicofármaco puede hacer que no nos tumbe a la depresión, pero a su vez no nos devolverá la alegría.
Podría dar muchos ejemplos de situaciones que conducirán a un mal uso de estos medicamentos, solo citaré los que a mi criterio y como consecuencia de mi labor profesional he observado:
.-En alguna ocasión he escuchado, “el dermatólogo me recetó un tranquilizante porque me vio nervioso, y dijo que los psicoanalistas no medican”;

.-El del psiquiatra, “me dio un psicofármaco y me dijo que volviera en 15 días, al regresar solo me pregunto cómo me sentía y no dijo nada más”, esto es a causa de que se debería complementar este régimen con la intervención del psicoanalista;

.-Según algunas estadísticas, el clonazepam es uno de los medicamentos más vendidos del mundo, superado solo por la aspirina, el paracetamol, y otros pocos fármacos. Este medicamento tiene altos niveles de eficacia cuando se prescribe correctamente, pero el uso indebido representa un riesgo para los enfermos y para otras personas. Tanto el clonazepam como todas las benzodiazepinas (alprazolam, diazepam, lorazepam, bromazepam, etc.), no están indicados para tratar el insomnio, ya que no se trata de inductores del sueño ni de hipnóticos. No obstante esto, es muy común que se prescriban para estos fines, y en general esta indicación desemboca en fenómenos de tolerancia (cada vez se necesitan dosis mayores para lograr el mismo efecto) y adicción, especialmente en ancianos. Según el Dr. José Amestoy, Psiquiatra del departamento médico del CEETA (centro de estudios especializados en trastornos de ansiedad), “las drogas más comunes que se utilizan para el trastorno de pánico son los ansiolíticos como el Alprazolam y el Clonazepam, que suelen estar muy mal manejados por los pacientes, o dadas por algunos médicos clínicos en forma apresurada”;

.-Los casos de ciudades, o pueblos, de muy baja densidad poblacional, en donde los médicos clínicos deben dar respuestas a las demandas de estos pacientes, y al no contar con un apoyo de psicólogos y psiquiatras ellos mismos realizan las intervenciones; con el tiempo, y si por algún motivo no realizan un seguimiento a dichos enfermos suelo ver algunos adictos “sociales y/o legales”. Si a esto se le suma la confianza que existe con el médico y el farmacéutico, por el hecho de conocerse de toda la vida, se pierde ese equilibrio necesario para controlarlos adecuadamente.

Es evidente que no siempre que se esté tomando un psicofármaco se estará haciendo un uso indebido o abuso; las indicaciones de estos medicamentos no deben ser despreciadas en ningún caso que lo amerite, pudiendo ser imprescindibles para que el paciente pueda recuperar sus pensamientos reales. En mi forma de pensar, y siempre hablando de salud mental, sería fundamental que un psicólogo y psiquiatra trabajen juntos; en la actualidad la tendencia debería ser la de establecer “equipos de gestión” en todas las áreas de la salud, formando grupos interdisciplinarios en donde el paciente será el beneficiado.
Los psicofármacos, entre la necesidad y el abuso (parte II)
El uso abusivo de estos medicamentos es un grave problema de salud pública, y las personas aún no han tomado la suficiente conciencia.

Escribe Dr. Juan José Prieto, Farmacéutico Nacional

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