Ley Justina: cuando la donación se convierte en imposición

7 Jul

Luego de la aprobación de la ley que convierte a todos los argentinos en presuntos donantes de órganos, se abrió un debate que debía ser previo a la sanción de esta. El límite del poder del Estado sobre los individuos vuelve a difuminarse en nuestro país.

Justina Lo Cane era una niña de 12 años. Falleció el 22 de noviembre del año pasado en la Fundación Favaloro, tras esperar durante tres meses el trasplante de un corazón compatible, el cual no llegó pese a estar primera en la lista de espera del Incucai.

 

Justina Lo Cane murió a los 12 años esperando un trasplante de corazón.

 

Tras este caso, que conmovió a todo el país, se sancionó el pasado miércoles la ley que lleva su nombre, la cual hace a todos los ciudadanos argentinos donantes de órganos, salvo que hayan manifestado su negativa en vida.

El eje de la cuestión no es si es moralmente correcto ser donante o no, sino hasta qué punto el Estado interfiere con los derechos individuales en Argentina. Sería una locura que se aprobara una ley que, salvo previa aclaración, confisque todos los bienes de la persona fallecida. Cuando, en cambio, se hace lo mismo con los órganos, pareciera no escandalizar a nadie.

Oponerse a ser donante implica persecución (un millón de personas firmaron tras la ley expresando su rechazo a conceder sus órganos) por parte de la opinión pública…y de los funcionarios. El diputado de Cambiemos, Fernando Iglesias, expresó en un polémico tuit su intención de perseguir a aquellos que se nieguen a ser donantes, manifestando su intención de impedir que reciban un trasplante en caso de necesitarlo en algún momento de sus vidas.

La Sociedad Argentina de Trasplantes manifestó su rechazo a la ley Justina, debido a que no todos los habitantes saben que ahora son donantes tácitos, y a que los presupuestos de Salud no bastarían para la manutención y traslado de órganos, además de la obligatoriedad que implica la ley, avasallando las decisiones personales de los argentinos.

Cuestiones como la donación o la solidaridad deben estar en el fuero íntimo de cada uno, ya que, cuando las mismas se vuelven una cuasi obligación, dejan de ser un noble acto voluntario para convertirse en una violenta imposición.

 

Juan Antonio Castro

 

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