En buenas manos

20 Ene

La consulta farmacéutica salva vidas. Un simple consejo al paciente (aunque éste no lo solicite) evita innumerables errores en la administración de medicamentos y puede prevenir problemas de salud. Esto revaloriza el rol profesional, remarcando la importancia del farmacéutico en el Sistema de Salud.

Por Matías Cohen

nota_principal (1)El reconocimiento profesional no se logra de un día para el otro. Tanto en la farmacia, como en cualquier otra profesión, la valoración llegará sólo después de un largo camino de permanente crecimiento, cuyo horizonte siempre exige un poco más.

La profesión farmacéutica progresa permanentemente, tanto en lo que hace a la actividad sanitaria como en la gestión de la farmacia en sí. Y lo más importante: el paciente también evoluciona, incluso a un nivel más acelerado que todo su entorno.

En la era de la revolución de las comunicaciones, la sobreinformación es moneda corriente. Y cuando se trata de salud es necesario tomar cada dato recibido con pinzas, ya que está en juego la vida.

La pequeña y mediana farmacia ocupa cerca del 70% del canal en todo el país. Por su distribución, es el principal y más accesible (y a veces el único) Centro de Atención Primaria de la Salud, especialmente en zonas poco urbanizadas. Por lo tanto, la consulta farmacéutica toma una relevancia imponderable en la Atención Primaria, lo cual lleva al farmacéutico a convertirse en un referente sanitario.

La consulta farmacéutica es un eslabón esencial en la Atención Farmacéutica. Es la educación para la salud hacia el paciente, que desde el mostrador no sólo evitará un mal uso de medicamentos, sino que participará activamente en la salud de cada uno de sus pacientes: previniendo enfermedades, acompañando tratamientos y asesorando sobre cuestiones en las que el farmacéutico tiene la idoneidad necesaria para el cuidado de la salud.

Una importante investigación realizada por la Confederación Farmacéutica Argentina reveló que por las cerca de 16.000 farmacias de la Argentina pasan cada mes 45 millones de personas, en tanto que en ese período los pacientes realizan unas 4 millones de consultas, de las cuales el 80% son resueltas por el farmacéutico, lo que representan 166 mil horas de consulta profesional gratuita.

Esto pone de manifiesto no sólo el valor del rol farmacéutico dentro del sistema de salud, sino del creciente reconocimiento que el paciente hace sobre el farmacéutico y su confianza sobre este profesional de la salud.
Los lineamientos de la OMS (Tokio, 1993) sobre la práctica de la atención farmacéutica señalan que la dispensación se define como el acto profesional que no sólo incumbe la entrega del medicamento, sino que incluye todo asesoramiento necesario para evitar una automedicación irresponsable y garantizar el uso adecuado del medicamento, lo que permite obtener el mejor resultado terapéutico.

Justamente, la dispensación activa acompaña la entrega del medicamento con el consejo, asesoramiento o intervención profesional del farmacéutico. Aunque también puede existir esa recomendación sin la necesidad de mediar la entrega de un medicamento o producto para la salud, como es, por ejemplo, en la consulta de parte del paciente en cuestiones preventivas, de seguimiento farmacoterapéutico o post tratamiento.

Horas de consulta

El estudio realizado por COFA se enmarcó en un proyecto de investigación nacional sobre el impacto económico de la consulta farmacéutica en la farmacia comunitaria, impulsado por el Observatorio Salud, Medicamentos y Sociedad de la COFA, desarrollado por 17 Colegios y 200 farmacias.

El objetivo de la investigación fue demostrar la importancia de la intervención del farmacéutico, mediante el análisis cuali-cuantitativo de las consultas diarias que se reciben en el mostrador de las farmacias con respecto a la dispensa total, al tiempo que se utiliza en estas consultas a la identificación de los tipos de consultas y a la resolución de éstas, que requieren del servicio del profesional.

Si bien en la farmacia la consulta (pedido de consejo farmacéutico a requerimiento del paciente) fue una actividad que siempre estuvo presente y es altamente solicitada y reconocida por la comunidad, no había registros del tiempo que el farmacéutico le dedica.
Esta investigación pudo establecer que la consulta promedio se extiende por siete minutos por paciente, en tanto que quienes más requerían el asesoramiento del profesional farmacéutico fueron mujeres de entre 21 y 60 años.

En este aspecto, es importante destacar que el promedio de consulta resulta valioso en pos de la salud pública, debido a la fácil accesibilidad de la farmacia. Si bien una consulta médica puede extenderse por unos minutos más (aunque a veces la vorágine de turnos y sobreturnos que tienen los médicos reduce estos tiempos), un paciente no tiene accesibilidad a su médico a toda hora, todos los días, algo que sí ocurre con la farmacia.

Según la investigación realizada por COFA, el primer lugar de las consultas corresponde a dolencias menores (35%), seguida de cerca por la consulta sobre el uso de medicamentos (34%), mientras que en un tercer lugar (14%) se ubican las enfermedades crónicas.
Las conclusiones realizadas en base a este estudio señalan que la consulta farmacéutica resulta un producto farmacéutico intangible de gran importancia dentro de la actividad diaria, ya que le insume al profesional, en promedio, una hora diaria de su actividad.

Además, el hecho de que un elevado porcentaje de las consultas sean resueltas por el farmacéutico, ya que están relacionadas con su propia incumbencia, descomprime los servicios médicos de atención primaria. En tanto, se demuestra la importancia sanitaria de las farmacias, a partir de la gran cantidad de personas que ingresan mensualmente.

En esta línea, COFA subraya que la red sanitaria farmacéutica, a través de la distribución racional de las farmacias, es el mayor efector de Atención Primaria de Salud de la República Argentina.
Por último, abre el interrogante sobre el potencial valor económico de las consultas, así como la posible perspectiva de incorporar la consulta farmacéutica al nomenclador nacional de prestadores de la Seguridad Social.

Un buen consejo

Existen tres variables en la consulta profesional:
1) La consulta realizada por el paciente.
2) El asesoramiento otorgado por el farmacéutico.
3) La ausencia de consulta.

En los dos primeros puntos, idealmente no existirían problemas. No obstante, abundan las situaciones que se encuadran en la tercera constante.

Por ejemplo: un paciente cliente concurre repetidas veces por mes a la farmacia para comprar analgésicos. El paciente no consulta sobre alguna dolencia (sólo pide el producto, paga y se va), mientras que el farmacéutico no indaga a su paciente sobre el uso que le da a esos analgésicos. Si bien los medicamentos de venta libre se utilizan en el tratamiento de problemas menores, su mal uso (administración irresponsable) puede generar problemas para la salud.

Según revela el Instituto de Estudios sobre Políticas de Salud:
• Casi siete de cada diez argentinos consumen medicamentos de venta libre sin prescripción médica.
• Dos de cada diez lo hacen de forma crónica y sin necesitarlo.
• Su ingesta irresponsable puede derivar en intoxicaciones.

En tanto, un informe realizado por la División Toxicológica del Hospital Fernández señaló que la mala administración de medicamentos es la segunda causa por intoxicaciones en el país.
Otra encuesta realizada por COFA arrojó que el 82% de los entrevistados utilizaba medicamentos de venta libre y la mitad desconocía sus efectos adversos que pueden provocar en combinación con otras drogas. “La sociedad argentina tiene una preocupante cultura del autoconsumo de medicamentos sin control profesional”, subrayan los directivos de la Confederación.

Frente al paciente que realiza una consulta en la farmacia sobre un problema de salud, el farmacéutico debe indicar al paciente la actitud más adecuada para resolver su problema. Si fuera necesario, recomendar un medicamento (siempre que éste sea de VL), resolver las dudas planteadas por el usuario o las carencias de información detectadas por el farmacéutico, proteger al paciente frente a la posible aparición de problemas relacionados con los medicamentos y evaluar si el problema de salud es precisamente consecuencia de un problema relacionado con un medicamento. Esto supone que en el momento en el que el farmacéutico es consultado, debe detectar otras necesidades y orecer, en su caso, otros servicios de atención farmacéutica clínica (identificar pacientes susceptibles de recibir educación sanitaria, seguimiento farmacoterapéutico personalizado, etc.). Si el problema reviste mayor gravedad o se encuentra fuera de las incumbencias del rol farmacéutico, es necesaria la derivación al médico.

Acción de salud

El farmacéutico comunitario conoce a su paciente cliente. La “farmacia del barrio” (o del pueblo) es el principal centro de salud de muchos pacientes que necesitan de una asistencia en prevención, seguimiento de tratamientos y asesoramiento en todo lo que a salud se refiere.

No se trata de promover acciones de marketing como tales, sino de educar al paciente, tanto si se concreta la venta como si no existe transacción de por medio. Es cierto: el farmacéutico, además de ser un agente de salud, debe vivir de su farmacia. Pero será ese mismo paciente que hoy se llevó sólo un consejo el que mañana vuelva, gracias a la confianza depositada en “su” farmacéutico.
Una renovación permanente de la farmacia siempre es una buena acción marketinera. Pero nunca tanto como un eficiente e idóneo consejo de salud.

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