En Argentina, bajo argumentos precarios, se ha intentado liberar la venta de medicamentos

15 Feb

Los medicamentos fuera de la farmacia no hacen a un sistema saludable, ni mejoran la accesibilidad. Por ello, es fundamental que reconozcamos nuestra historia para no repetir errores.En Argentina, el artículo 1º de la ley 17.565 (modificado por la ley 26.567) impide la exhibición de medicamentos de venta libre en góndolas, de esta manera se le da un marco legal para evitar que los fármacos estén al alcance de la mano del consumidor; transformando a esta norma en un ejemplo cabal de las buenas intenciones de proteger la salud de las personas.

Sin embargo existieron algunos proyectos (por ejemplo el del Diputado Helio Rebot –PRO-), que bajo el argumento de una mayor accesibilidad al medicamento, tenían la intención de alimentar el negocio de algunos sectores empresarios, cuyos socios/inversores seguramente estarían ligados a algún gobernante (para este caso, al Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires Ing. Mauricio Macri), en donde se evidencia que estas operaciones son puestas por encima de la salud de la población, mostrando que la CABA pretende ir en contra de lo que establece la Constitución Nacional (en cuanto a la protección de la salud y del bienestar de las personas).

A todo esto la gran paradoja que suele observarse es la gran ambigüedad que existe en muchos legisladores, por un lado plantean que la automedicación es un flagelo a nivel mundial, con franco crecimiento en la Argentina, que pone en riesgo la salud de la población, y por otro generan proyectos que pretenden liberar la venta de los medicamentos, buscando que aumente el número de productos que salgan del control profesional, poniéndolos bajo la supervisión de un Kiosco, supermercados, estaciones de servicios, ferias y otros lugares similares en donde la historia ha demostrado que irá en desmedro de la salud de quien los consuma, aumentando la automedicación, las intoxicaciones, el número de hospitalizaciones y por ende aumentará el gasto de la seguridad social. Es decir, es muy evidente que se intenta favorecer a un sector minúsculo, que para el caso planteado terminará generando un sin número de situaciones adversas para el consumidor y por decantación para el sistema sanitario.

Si nos centramos en la automedicación pronto descubriremos que es un flagelo a nivel mundial, con franco crecimiento en Argentina y que entre todos debemos evitar. Según un informe, de una encuesta realizada por la COFA (Confederación Farmacéutica Argentina), se deduce que el comportamiento de la población frente a la adquisición y consumo de los medicamentos de venta libre es el siguiente:

 el 82% de la población los consume y

 el 18% lo hace diariamente, como si padecieran una patología crónica.

Definitivamente deberíamos entender que el medicamento es un producto sanitario, un bien social y no un producto de consumo masivo. Los fármacos son productos sanitarios que se encuentran en permanente vigilancia sanitaria; es decir, deben estar bajo el control de un profesional, caso contrario el Estado deberá cambiar tal condición y hacerse cargo de las consecuencias.

Otro de los flagelos que se estaría propiciando con estas acciones es el de los “medicamentos falsos”, en el que según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) no solo es un enorme negocio ilegal, sino que plantea un problema de salud pública, más aún cuando se considera que en un fármaco apócrifo el peligro pasa por que su contenido puede ser peligroso/tóxico o por la ausencia parcial o total de principios activos. Las consecuencias de su uso pueden incluir el fracaso terapéutico, aumentar las resistencias bacterianas y/o virales o inclusive llevar al individuo a la muerte.

Por todo, y como para cerrar la idea, recordemos que “quien no conoce su historia está condenado a repetir sus errores”.

 

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