Buena práctica

31 May

La farmacia evoluciona permanentemente. Los servicios farmacéuticos se han multiplicado y exigen a un profesional más capacitado y comprometido con el paciente. ¿Cómo afecta esto a la rentabilidad y el desarrollo de la farmacia?

El rol del farmacéutico ha evolucionado (y continúa haciéndolo). El recordado “bajador de cajitas” prácticamente no tiene cabida en un sistema de salud que exige del farmacéutico un profesional comprometido con la salud pública. Es el primer contacto del paciente con la salud, el más accesible y el que ofrecerá la primera respuesta ante las consultas.

El mercado evoluciona, las enfermedades evolucionan y, principalmente, el paciente evoluciona. Éste se encuentra cada vez más informado y comprometido con la salud. Por lo que demanda de su farmacéutico una respuesta a medida.

El objetivo de la práctica farmacéutica es desarrollar, elaborar, conservar, dispensar, administrar y contribuir en la administración y seguimiento en el uso del medicamento, ayudando a la sociedad a emplearlos de la forma adecuada. Donde el foco no debe estar puesto en el medicamento, sino en el paciente, con premisas tales como la educación en salud, el acompañamiento y seguimiento terapéutico, el consejo para el autocuidado y la automedicación responsable.

Éste sería el ideal de farmacia profesional y asistencial. Pero, lamentablemente, en muchos casos, la farmacia no apunta hacia estos objetivos. Y una farmacia que no se oriente a los servicios farmacéuticos está condenada a desaparecer.

Hoy, la intensa competencia de la pequeña y mediana farmacia ha desviado el foco de atención y las estrategias utilizadas para “subsistir” no suelen ser las adecuadas. En muchos de los casos, estas acciones dejan en un segundo plano al paciente. ¿Cuál es el primero? La rentabilidad. Pero hay algo más que claro: sin pacientes, sin clientes, no hay rentabilidad.

Buenas prácticas

Las actividades de los profesionales farmacéuticos deben estar enmarcadas en normas claramente definidas en cuanto a la responsabilidad que tienen con la población, desde la adquisición, recepción, almacenamiento, dispensación, información y atención que brindan.

“Todos los farmacéuticos en ejercicio de su profesión están obligados a asegurar la calidad apropiada del servicio que prestan a cada paciente. Las Buenas Prácticas de Farmacia (BPF) son un instrumento para clarificar y cumplir con esa obligación. Se basa en el cuidado y la preocupación de los farmacéuticos por el ejercicio de su profesión”, explica a dosis la doctora Esther Filinger, Coordinadora Científica del Observatorio de Salud, Medicamentos y Sociedad de la Confederación Farmacéutica Argentina.

Al respecto, la especialista señala que las BPF exigen que la primera preocupación de un farmacéutico sea el bienestar de los pacientes en toda circunstancia. “Hay un corrimiento del interés del farmacéutico, que estaba centrado en el medicamento, hacia el individuo, familia y comunidad”, enfatiza.

Justamente, detalla que “las BPF abarcan todas las actividades que el farmacéutico realiza, en función del medicamento, custodiándolo y todas aquellas actividades dirigidas al paciente, en relación al uso racional de los medicamentos, prevención de la enfermedad y promoción de la salud”. No obstante, aclara que, si bien estas actividades no están estandarizadas, “el compromiso de los farmacéuticos es interpretar y cubrir la demanda social con respecto a la calidad de los servicios que se prestan”.

Servicios profesionales

Los servicios farmacéuticos comprenden toda gestión que garantice una farmacoterapia óptima y el cumplimiento de la legislación vigente. Se participa en la investigación, preparación, distribución, dispensación, control y utilización de los medicamentos y otros productos para la salud, ofreciendo información y asesoramiento a quienes prescriben, indican o usan dichos productos.

Las buenas prácticas en farmacia responden a las necesidades de las personas que utilizan los servicios farmacéuticos para ofrecer una atención óptima y basada en la evidencia.

Para esto, es necesario que:

· La primera preocupación de un farmacéutico, en todos los ámbitos profesionales, sea el bienestar de los pacientes.

· El centro de la actividad farmacéutica sea ayudar a los pacientes a utilizar los medicamentos de la forma adecuada. Las funciones fundamentales incluyen el suministro de medicamentos y otros productos sanitarios de calidad garantizada, la provisión de información y asesoramiento adecuados al paciente, la administración de medicamentos, cuando sea necesaria y el seguimiento de los efectos del uso de la medicación.

· Una parte integral de la actuación del farmacéutico sea promover una prescripción racional y económica de los medicamentos, además de su correcta dispensación.

· El objetivo de cada uno de los elementos del servicio que se ofrece sea relevante para el paciente, esté claramente definido y se comunique eficazmente a todas las partes involucradas. La colaboración multidisciplinar entre profesionales de la salud es el factor clave para mejorar satisfactoriamente la seguridad del paciente.

Para cumplir con estos requisitos, la Federación Internacional de Farmacia (FIP) señala que son necesarias las siguientes condiciones:

  1. El bienestar de los pacientes debe ser la filosofía principal en el ejercicio profesional, aunque se acepte que los factores éticos y económicos también sean importantes.

  2. Los farmacéuticos deben influir en las decisiones sobre el uso de los medicamentos. Debe existir un sistema que permita a los farmacéuticos informar y obtener comentarios sobre las reacciones adversas, los problemas relacionados con los medicamentos, los errores de medicación, el uso incorrecto, o el abuso de medicamentos, los defectos de calidad del producto o la detección de productos falsificados. Este informe puede incluir información sobre el uso de los medicamentos proporcionada por los propios pacientes o los profesionales sanitarios, ya sea directamente o a través de los farmacéuticos.

  3. La relación con otros profesionales sanitarios, en especial con los médicos, se debe establecer como una relación de colaboración que implique la confianza mutua y la seguridad en todos los asuntos relacionados con la farmacoterapia.

  4. La relación entre farmacéuticos debe ser de colaboración entre compañeros que procuran mejorar los servicios farmacéuticos, en lugar de actuar como competidores.

  5. En la práctica, las organizaciones, los gabinetes de profesionales sanitarios y los gerentes farmacéuticos, deben aceptar compartir la responsabilidad de definir, evaluar y mejorar la calidad.

  6. El farmacéutico debe conocer la información médica y farmacéutica básica (es decir, el diagnóstico, los resultados de los análisis clínicos y los antecedentes patológicos personales) de cada paciente. Es más fácil obtener esta información si el paciente elige utilizar una sola farmacia o si el perfil farmacoterapéutico del paciente fuera accesible para el farmacéutico.

  7. El farmacéutico necesita información basada en la evidencia, imparcial, integral, objetiva y actual sobre los tratamientos, medicamentos y otros productos sanitarios en uso, incluido el posible daño medioambiental causado por la eliminación de residuos de medicamentos.

  8. Los farmacéuticos de todos los ámbitos profesionales deben aceptar la responsabilidad personal de mantener y evaluar su propia competencia a lo largo de toda su vida laboral. Si bien la autoevaluación es importante, también lo sería contar con un elemento de evaluación y control por parte de las organizaciones profesionales farmacéuticas nacionales, para asegurar que los farmacéuticos cumplan con las normas y los requisitos para lograr un desarrollo profesional continuo.

  9. Los programas educativos para acceder en la profesión deben abordar de un modo apropiado tanto los cambios actuales en las prácticas en farmacia como aquellos cambios que resulten previsibles.

Rol institucional

Nada de esto sería posible de aplicar si no hay una política farmacéutica que fomente las BPF y potencie la calidad de atención de los farmacéuticos.

Por esta razón, los Colegios que nuclean a los farmacéuticos ofrecen una cartera de cursos referidos a estos aspectos. “Es decir, que posibilitan su actualización permanente y, además, cada colegio tiene su código de ética, al cual los profesionales deben ajustar su conducta. Por ejemplo, el secreto profesional y la confidencialidad”, describe Filinger.

Por último, confirma que el Foro Farmacéutico de las Américas está trabajando fuertemente en delinear indicadores de calidad, que sean fácilmente medibles para evaluar los servicios farmacéuticos.

Con las herramientas a su disposición, los farmacéuticos tienen la gran oportunidad de potenciar al máximo su actividad en el día a día, lo cual redituará en la permanente evolución de la profesión y el reconocimiento del paciente en cada uno de los campos en los que el farmacéutico puede influir en la salud de la población.

Fuente: revista DOSIS

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