Atención diferencial

26 May

nota3 (1)Con la llegada del frío, la gripe y el resfrío dicen presente. Desde la farmacia, la información sobre sus diferencias, los aspectos preventivos y las recomendaciones paliativas son pilares de una eficaz Atención Farmacéutica.
Por: Dr. Ricardo Juan Rey *

El paciente cliente entra en la farmacia. Se lo ve congestionado, con chuchos de frío. Pide un analgésico, un descongestivo y un antigripal de venta libre. Paga y se va. ¿Dónde estuvo el error?
Es común que el colectivo popular confunda, mezcle y hasta crea que la gripe y el resfrío son un mismo problema o, al menos, que se tratan igual. No es culpa de ellos (no toda, al menos), sino de su falta de información o, por el contrario, la sobreabundancia de ésta. Creer conocerse no es conocerse. “Yo me conozco, me engripo siempre a esta altura del año”, puede decir este sabihondo paciente cliente, cuando en realidad lo que padece no es gripe, sino un simple resfrío.
Y si bien sólo el hecho de confundir las dos patologías no resultaría un problema, sí genera una dificultad querer tratar farmacológicamente a una cuando en realidad se trata de la otra. Esto no sólo ocasiona que la sintomatología no mejore, sino que, por el contrario, traiga complicaciones para la salud, además de generar resistencia medicamentosa.
Por esta razón, es indispensable la labor profesional del farmacéutico para recomendar aspectos preventivos e informar al paciente cliente sobre las diferencias entre estas dos patologías. Entonces, si este (o cualquier otro) paciente cliente ingresa en la farmacia en busca de un antigripal, lo recomendanble es indagarlo sobre su sintomatología, a fin de detectar su verdadera problemática de salud y, por consiguiente, sugerir un tratamiento adecuado.
Los meses de frío vienen de la mano con una catarata de enfermedades respiratorias. Lo que no debe hibernar es la Atención Farmacéutica.

Resfrío

Es una de las enfermedades más comunes en los seres humanos. En promedio, cada persona adquiere un resfriado entre dos y tres veces al año, con clara prevalencia en los meses de frío, y generalmente causado por un agente diferente.
Esto se debe a que esta enfermedad infecciosa que afecta las vías respiratorias superiores presenta por lo menos 200 virus diferentes que causan un resfrío. Estos virus están diseminados por el medio ambiente
No obstante, la mayoría de los especialistas señalan que el frío no es causante de los resfríos, sino que son las propias personas afectadas quienes esparcen esos virus mediante la tos, estornudos, al hablar o al tocarse, generando así una interminable cadena. “El hecho de que en los meses invernales la prevalencia aumente responde a que la gente está más tiempo en lugares cerrados y poco ventilados, con lo cual los virus permanecen en ambientes propicios para facilitar los contagios”, asegura el doctor Jorge Tartaglione (h), médico cardiólogo, jefe de Servicio de Prevención Médica y Calidad de Vida del Hospital Policial Churruca-Visca.
Generalmente, los primeros síntomas de un resfrío son picazón en la garganta, nariz congestionada o que gotea, estornudos, tos, dolor de cabeza, ocasional fiebre moderada, cansancio o dolores musculares. Sin embargo, no se presentan inmediatamente que una persona se contagia, sino que tardan al menos dos días en aparecer. La mayoría de los resfríos duran una semana en promedio.

Gripe

La gripe, enfermedad respiratoria causada por el virus de la influenza, puede ser de tipo A, B (los más comunes) o C (poco frecuente) y, generalmente, ocurre una epidemia estacional invernal cada año, con picos que duran de 6 a 8 semanas, aunque no es raro ver brotes en meses de primavera, por ejemplo. En poblaciones de alto riesgo (menores de dos años y mayores de 65) puede traer graves complicaciones, hasta llegar a la muerte.
La prevalencia puede variar entre un 5 al 20%, dependiendo de los brotes en cada año. En la Argentina, de 1000 a 4000 personas mueren anualmente por gripe o sus complicaciones, según datos revelados por el doctor Daniel Stamboulian, presidente de FUNCEI.
Los síntomas de la gripe, si bien pueden ser similares en algunos puntos al resfrío, resultan más complejos: fiebre alta (38º o más), dolor de cabeza, decaimiento, tos, dolor de garganta, congestión nasal, dolor muscular y malestar generalizado. También pueden aparecer síntomas digestivos como náuseas, vómitos y diarrea, pero éstos son más comunes en los niños que en los adultos.
La enfermedad tiene un período de incubación corta (2 a 5 días) y es altamente contagiosa desde un día antes de aparecer y hasta siete días después.
Según señala la OMS, las epidemias de gripe se repiten anualmente durante el otoño y el invierno, las cuales causan mundialmente unos 3 a 5 millones de casos de enfermedad grave y unas 250.000 a 500.000 muertes cada año.
La vacunación contra la gripe es el método más eficaz para prevenirla, con un riesgo extremadamente pequeño. No obstante, es importante aclarar que no previene el resfriado común.
Es fundamental recomendar la vacunación cada año, idealmente en el mes de marzo y primeras semanas de abril, si no hay ninguna contraindicación médica al respecto. Si bien los virus cambian, mutan y evolucionan cada temporada, la industria está al acecho, por lo que se desarrollan cepas a medida con las que se fabrican las vacunas.
La vacuna se encuentra especialmente indicada para grupos de riesgo, tales como adultos mayores de 65 años, personas con enfermedades crónicas (diabéticos, cardíacos y pulmonares) y con alteraciones de la inmunidad, niños o adolescentes que mantienen una terapia prolongada con ácido acetilsalicílico (aspirina) y trabajadores de la salud pública (médicos, enfermeros y aquellos que tienen contacto con pacientes de alto riesgo). De todas maneras, puede aplicarse desde los seis meses de vida, sin límite máximo de edad, en cualquier momento del año.
En la población en general, la vacuna trivalente protege el sistema contra las cepas A H1N1, A H3N2 y B durante un año en un 70 a 90%. En tanto, en aquella considerada “de riesgo” (mayores de 65 años), es menester del profesional de la salud informar que las vacunas no inmunizan contra la gripe, sino que reducen internaciones por complicaciones respiratorias en un 27 al 39% y por neumonía e influenza en un 48 al 57%, en tanto que reducen la mortalidad en un 39 al 54%.
Se debe sugerir la visita médica cuando:

La temperatura corporal supere los 38º.
Los síntomas persistan por más de diez días.
Síntomas atípicos.
Siempre en bebés ante los primeros síntomas.
Aliviar los síntomas

No existe un tratamiento farmacológico que directamente cure de raíz el resfrío o la gripe una vez que éstas invadieron el sistema inmune. Pero sí es posible recomendar medicamentos que pueden aplacar la sintomatología en todos sus aspectos.
Fármacos de venta libre para tratar los síntomas:

Ibuprofeno.
Paracetamol.
Aspirina.
Naproxeno.
Existen, además, polifármacos que combinan algunas de estas drogas con algún descongestivo que aliviará la congestión nasal y un antihistamínhico para aliviar el moco acumulado. Justamente, entre los antihistamínicos que se pueden recomendar, figuran: bromfeniramina, clorfeniramina, difenhidramina, doxilamina, loratadina, cetirizina, fexofenadina y fenilefrina, entre otros.
Las “recetas caseras” o el viejo y temido “boca a boca” invitan a sobreabastecerse de vitamina C. No obstante, los especialistas señalan que puede ser beneficiosa tomada como complemento sólo si no se ingiere una cantidad suficiente en la dieta. En algunos medicamentos se la encuentra asociada al ácido acetilsalicílico, pero esta droga disminuye su absorción. Los complejos vitamínicos son efectivos para adquirir un complemento de vitamina C, no obstante se debe recomendar no superar las dosis recomendadas, debido a que una excesiva dosis de esta vitamina puede producir trastornos digestivos, diarreas, etc.
Pero es importante señalar que ningún tratamiento aliviará los síntomas efectivamente si no son acompañados por otras medidas que se recomendarán desde el mostrador:

Mantener una hidratación abundante, sobre todo los niños y ancianos.
Evitar actividades extenuantes y mantenerse en reposo.
Disponer de un entorno confortable, templado y con una adecuada renovación del aire.
Elevar la cabecera de la cama puede ayudar a reducir la intensidad de la tos nocturna.
Toser y/o estornudar en un pañuelo desechable.
Lavarse las manos después de toser, estornudar o sonarse la nariz.
Desinfectar con frecuencia las superficies que toque.
En tanto, las medidas preventivas siempre serán de gran valía, a fin de evitar la exposición a los virus:

Lavarse las manos con agua y jabón o alcohol en gel frecuentemente.
Evitar tocarse los ojos, la nariz y la boca con las manos sin lavar.
Evitar el contacto con personas enfermas.
La utilización de antibióticos no aporta beneficio alguno en estas patologías víricas respiratorias. Sólo deben administrarse (bajo receta), en casos en los que se produzcan complicaciones bacterianas como otitis, bronquitis, neumonías, etc.

Prevenir desde el mostrador

Indagar al paciente cliente que busca desesperadamente aliviar sus síntomas permitirá una correcta recomendación. No sólo en pos de la salud, sino también en la confianza que se genera a través de la aplicación de una eficiente Atención Farmacéutica.

MC

Plan de salud

A fin de evitar la propagación de virus y cuidar en mayor medida la salud de la población, la OMS recomienda seis hábitos que ayudarán a reforzar el sistema inmunitario:

Evitar el tabaquismo pasivo: mantenerse lo más alejado posible del humo del cigarrillo, ya que es el responsable de muchos problemas de salud, incluyendo millones de resfriados.
Evitar antibióticos innecesarios: el uso de antibióticos con mucha frecuencia lleva a que se presente resistencia a éstos. Cuanto más se utilicen los antibióticos, mayor será la probabilidad de que los medicamentos no funcionen igual de bien en el futuro. Eso significa que existirá una mayor probabilidad de enfermarse con infecciones más prolongadas y pertinaces.
Amamantar: se sabe que la leche materna protege contra infecciones de las vías respiratorias, incluso años después haberlo hecho.
Tomar agua: los líquidos ayudan a que el sistema inmunitario funcione apropiadamente.
Tomar yogur: ciertos yogures contienen “cultivos activos” o bacterias beneficiosas que ayudan a prevenir los resfriados.
Dormir bien: no dormir lo suficiente vuelve al cuerpo más propenso a enfermarse.

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