AL OBLIGARNOS A CORTAR, LA IMPRUDENCIA DE PAMI TAMBIÉN CALIENTA DICIEMBRE

Veníamos más o menos bien. Más menos que más. Pero ahí estábamos los argentinos viviendo como podemos o como queremos, discutiendo nuestras cosas en voz alta como hacemos siempre, despertando el rechazo de los vecinos por hablar a los gritos y el rubor de alguna gente que se ruboriza con la chusma pero no con las injusticias.

Y mientras estábamos en eso de echarnos culpas entre nosotros acusándonos de corruptos e hijos de mala madre, al gobierno recién asumido se le dio por llamarle “reordenamiento” a lo que empezó a hacer en Pami cuando en realidad se trataba de un feroz ajuste. Reordenar es eso. Ajustar, no es ordenar ni reordenar.

Para que pareciera un cambio, como estrategia publicitaria al presidente de Pami se le dio por hacer circular por todos los medios de difusión del país una fotografía con miles de sillas de ruedas destruidas acovachadas en un depósito. La fotografía no era falsa, era verdadera. Y obscena. Y estuvo bien que la mostrara. Pero ese no era el problema de fondo de Pami. Era apenas el botón de muestra de una grave y escandalosa situación existente pero también de la que estaba por venir. Casi seis millones de personas afiliadas y miles de millones de pesos por mes son mucho más que todas las sillas de ruedas que pueda haber en el país.

Rápido de reflejos mediáticos, la fotografía en cuestión fue utilizada por Regazzoni como un dardo con destino al corazón de la sensibilidad pública, una prueba contundente del abandono y la desidia del gobierno anterior que para el nuevo era el culpable de todos los males de la obra social de los abuelos. En otras palabras y en el mismo lenguaje que utilizan ellos: era un pase de factura entre políticos.

Pero como yo no soy político y mi única política es la de defender a la farmacia y al farmacéutico, de inmediato advertí que esa foto también era una cortina de humo de lo que tenían planeado hacer con la obra social de los jubilados.

Mientras la imagen de las sillas de rueda destruidas y arrumbadas daba vuelta por todo el país despertando la lógica indignación de la gente, desde este Colegio advertimos y denunciamos que se pretendía tapar el sol con las manos. Que algo olía mal en este asunto.  Porque a todo esto los farmacéuticos seguíamos financiando el sistema de salud para casi seis millones de jubilados.

He leído y he escuchado por ahí, que este asunto era un “problemita” entre Pami y los farmacéuticos. Quien lo dijo, o quienes lo dijeron, lo hicieron con claros intereses económicos. No creo en la ingenuidad de algunos dirigentes ni en el desconocimiento de algunos colegas. Por eso he dicho y sostengo que este “problemita” en realidad es una grave crisis institucional que debiera poner en estado de emergencia al sistema sanitario argentino.

No se trata de una deuda. Se trata de la salud pública.

Finalmente, Pami creyó que podía hacer lo de siempre que es pagar para taparnos la boca hasta que nos quejemos de nuevo. Pero esta vez no resultó.

En los cuatro años que llevo como presidente del Colegio de Farmacéuticos de la provincia de Córdoba y los largos veinte años en la profesión, nunca había visto un compromiso tan fuerte entre farmacéuticos.

De Ushuaia a la Quiaca ninguna farmacia atiende Pami. Y está bien que sea así y que siga siendo así hasta que nos den una solución, no una salida. No lo digo sólo con orgullo porque por fin nos pusimos los pantalones largos, también lo digo con dolor. Entre todos los Colegios y la Cofa, junto al resto de las instituciones, tomamos la decisión. Por suerte los farmacéuticos estamos unidos. Por suerte los abuelos saben de qué estamos hablando.

El gobierno nacional mientras tanto, y el presidente de Pami en especial, no tienen la menor idea del daño que están causando. Nos obligaron a este corte justo en el mes de diciembre sabiendo que diciembre es un mes muy especial en donde no hay que hacerle bulla al pescado.

La nueva fotografía que exhiben ahora ya no tiene sillas de ruedas sino una banda presidencial y un bastón de mando, porque se habla de gobernabilidad. En medio de tamaña irresponsabilidad y provocación social, hay menos de quince mil farmacias en todo el país pero casi seis millones de jubilados sin su medicamento. Carlos Regazzoni, que es médico e hizo el juramento Hipocrático, mientras esto ocurre hace la gran Pilatos diciendo que Pami ya le pagó a la Industria y que es la Industria la que no le paga a las farmacias. Yo tengo otro punto de vista. Yo creo que Regazzoni le ha cedido a la Industria el manejo del presupuesto público de Pami para que la Industria, que es privada, lo maneje a su antojo.

Si por desgracia y como resultado de esta ostentación de poder político hubiera un muerto, el único responsable será el gobierno.

Pami es la mano que mece la cuna de los jubilados y de los farmacéuticos. Aliento a mis colegas de todo el país a que no bajen los brazos. Y los felicito por eso. No hay que perder de vista que para colmo estamos en diciembre, mes que para los países que resolvemos nuestras cosas a los gritos, suele ser muy peligroso. Sobre todo cuando el que provoca y genera gritos es el propio gobierno.

Córdoba, diciembre 22 de 2016